¿Qué es una organización ágil? 

Una organización “tradicional” opera bajo modelos administrativos de jerarquía, estructuras por procesos, instrucciones detalladas y silos organizacionales.  Este tipo de organizaciones operan a través de planeación direccionada al control y seguimiento de actividades en búsqueda de la captura de valor de los accionistas, con una característica de ser muy fuertes en estructura, pero en muchas ocasiones lenta para la toma de decisiones. 

En contraste, una organización ágil, opera dinámicamente velando por su sostenibilidad; es conformada por una red de equipos de trabajo que operan de manera proactiva, con una cultura organizacional centrada en las personas, que aprenden rápido y toman rápidamente decisiones. El equipo ágil cuenta con formación autodidacta, aprovecha el uso de la  tecnología y vive como un ecosistema interesado en la co-creación de valor para todas las partes, no solo los accionistas. 

Una organización ágil tiene la habilidad de reconfigurar de forma resoluta y ligera sus estrategias, estructuras, equipos de trabajo, personas y tecnología hacia la creación de valor y el aprovechamiento oportuno de las oportunidades.  Se caracteriza por la velocidad en la toma de decisiones, la adaptabilidad y  la estabilidad, creando una ventaja competitiva en un mercado de condiciones cambiantes, inciertas, complejas y ambiguas. 

Disrupción dentro de los paradigmas tradicionales

Durante el último siglo, organizaciones como FORD demostraron que la especialización en un campo de acción puede mostrar resultados claramente visibles, donde en tan solo 10 años desde su constitución,  conquistaron el 60% del mercado al reducir los tiempos de ensamble de un vehículo de 12 horas a 90 minutos y disminuyendo el costo en un 65% (100 años de historia de FORD).  

Es así como muchos líderes organizacionales operan sus compañías como “máquinas” siguiendo  paradigmas de modelos jerárquicos, de productividad,  eficiencia, calidad total y gerencia de proyectos.  En la actualidad, estos paradigmas  se ven desafiados por “la revolución digital” que transformó las condiciones macroeconómicas, las industrias y las sociedades.  Las tendencias que resultan de esta transformación pueden resumirse como sigue: 

  1. Evolución dinámica del entorno: Todas las partes demandan una adaptación rápida; proveedores, clientes y las políticas gubernamentales presionan con exigencias cada vez más demandantes. Los inversionistas buscan asegurar la  rentabilidad y los competidores se acomodan cada vez más rápido a las condiciones exigidas por las partes. 
  2. Tecnología Disruptiva: Permanentemente la digitalización y automatización de procesos rompen los paradigmas del funcionamiento regular de los negocios.  Considere solamente todas las posibilidades que se abren con la inteligencia artificial, el internet de las cosas, machine learning, big data y la robótica. 
  3. El valor de los datos: La comunicación ha evolucionado y cada vez tenemos más información dentro de nuestras organizaciones y nuestra cadena de valor. Con el acercamiento adecuado  se habilita la colaboración entre todas las partes y la rápida toma de decisiones frente a las circunstancias que evolucionan.
  4. El talento: La creatividad y el conocimiento cros-funcional  distingue la oferta de valor de una organización, por ejemplo: el modelamiento y analítica de datos en un área comercial, sociología y robótica en el área de recursos humanos, entre otros.  Necesitamos disponer de  personas que aprendan permanentemente  tanto habilidades técnicas como blandas; eso nos permitirán mejores perspectivas y resultados en la ejecución de las estrategias. 
  5. Cronogramas descentralizados: Cuando tenemos jornadas laborales normalizadas, reuniones poco efectivas, y presupuestos  fijos  para cada año fiscal, se cortan las alas del talento que es más productivo o creativo bajo otros entornos.  Además, dejamos de ver la evolución periódica con la esperanza de alcanzar una cuota de un año acumulado que inicia en enero y termina en diciembre.  Es importante reconocer que el objetivo de crecimiento y sostenibilidad debe ser  permanente y no estacional.

 

Las organizaciones operando como “organismos”

Las tendencias son algo que pone a pensar a los líderes de las compañías cómo deben operar sus organizaciones y sus empleados, sin perder el enfoque de la sostenibilidad y la estabilidad de las partes.  Las organizaciones ágiles se movilizan rápidamente en la toma de decisiones, operan livianos en infraestructura y facilitan las transacciones entre las partes.  En resumen, operan como organismos vivos.

Cuando las circunstancias del mercado y el entorno presionan a las organizaciones ágiles, estas se robustecen y mejoran el rendimiento de manera evolutiva. Los retos, en un ambiente dinámico,  son vistos como oportunidades y no como inconvenientes.

 

El camino hacia una organización ágil

Las organizaciones que aspiran a construir culturas ágiles deben entender en primera instancia que se trata de un proceso, que no se logra de un momento a otro, que requiere compromiso de todas las partes para cambiar la cultura organizacional.  Este cambio debe generarse desde los altos niveles de la organización y debe diseminarse de manera disciplinada y consistente.  Las siguientes son prácticas recomendadas para incubar una  organización ágil:

Estrategia

Estructura

Procesos

Personas

Tecnología